Nuestra verdadera naturaleza y otras dimensiones, “Conócete a ti mismo” (parte 3)

Los prejuicios nuestra naturaleza y otras dimensiones

Al no reconocer que nuestra esencia es Amor, la violencia en nuestras interrelaciones humanas, se sigue revelando en este potencialmente maravilloso y efímero momento llamado vida.

El obscurantismo de la época medieval, en alguna forma, se parece a la “Densa Neblina” de las mentes cerradas a nuevas ideas y nuevos conocimientos que todavía prevalecen en la sociedad. La resistencia al cambio a veces se manifiesta hasta en forma violenta, especialmente cuando se tocan conceptos arraigados por decenas o centenas de años.

Personajes como Einstein, con frecuencia se enfrentaron a mentes cerradas que frenaban nuevas ideas.
El nos dejó este trascendental y certero pensamiento: Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

¿Que es un prejuicio?: Es una convicción o creencia, estudiada o no, que causa o provoca una actitud intolerante y hostil hacia ciertos temas o ciertos grupos de personas.

Para las personas que tienen un prejuicio, éste constituye algo importante. Tienen la certeza de que el prejuicio, y las ideas derivadas de él, son ciertas y correctas.

Esta certeza puede llevarlos hasta el fundamentalismo y el fanatismo que habitualmente se derivan del prejuicio, lo cual los lleva hacia la intolerancia y hostilidad contra quienes piensen en forma diferente.

Casi siempre usan razonamientos demagógicos o dogmáticos para justificar su actitud y así, se confirma lo que dijo Einstein: “Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

¿En que formas, nos han impedido algunos prejuicios “¿Conocer el universo”, como decía Sócrates? El universo se gestó con el “Big Bang”, la “Gran Explosión” y bíblicamente Génesis 1:1, del Antiguo Testamento nos informa: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Una explosión siempre crea destrucción, caos y desorden, el “Big Bang”, la gran explosión creó el orden perfecto del universo. Tuvo que haber una energía ordenadora infinitamente poderosa, infinitamente inteligente y eterna que llamamos Dios y ahí es donde se une la astronomía con el Antiguo o Viejo Testamento.

Esta fue una creación de una magnitud inconcebible, dentro de ella se creó nuestro planeta y dentro de el, según Génesis 1:26, nos creó Dios a “Su Imagen y Semejanza”.

Una importante parte de la humanidad, lamentablemente lo ha entendido al revés y ha tergiversado el concepto, concibiendo a Dios a nuestra Imagen y Semejanza, como un gran hombre de barba blanca, dando vida al primer hombre biblico, Adán, como lo pintó Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina del Vaticano.

         Lo que deberíamos entender de Génesis 1:26, es que la inconcebible, inconmensurable, inteligentísima, poderosísima ENERGÍA ETERNA que creó el universo, nos creó también a SU IMAGEN Y SEMEJANZA. Por lo tanto, nosotros somos también energía, nuestra esencia, nuestro espíritu, es energía, es Amor, la fuerza más poderosa del universo.

Esa energía NO MUERE, somos como chispas de la llama Divina, como fotones de la Gran Luz, como gotas del Gran Mar, nuestro potencial latente  es enorme, sólo limitado por que pensamos que somos limitados.

         Lo que implica Sócrates al decirnos “Conócete a Ti Mismo y Conocerás el Universo” es que, al comprender todo esto, entonces, ya sin “vendas” que obstruyan nuestra visión, verdaderamente podremos  descubrir los “Secretos del Universo”, tanto del universo físico, como del universo de “Otras Dimensiones”, no tan densas como este, que están tan ocultos para nosotros, en esta época, como estaban ocultos en el medioevo los nuevos desarrollos y descubrimientos de esa época.

Esta tercera dimensión, otras dimensiones
 y la repercusión en nuestra vida

Para entender mejor esas “Otras Dimensiones” veamos lo siguiente:

Si magnificamos el tamaño de los átomos de una mesa al tamaño de una manzana, la siguiente manzana estaría a más de 3 mil kilómetros de distancia, unidas entre sí por energías electromagnéticas que le dan estructura a nuestra tercera dimensión.

Dentro de estos enormes espacios que separan los átomos de nuestra tercera dimensión, pueden estar distribuidas otras partículas atómicas o subatómicas diferentes, que podríamos llamar peras, naranjas, melones, etc.

Cada una de estas partículas, estarían unidas entre sí por diferentes “Fuerzas Electromagnéticas” similares o más sutiles, que unidas entre ellas, formarían “Dimensiones Diferentes” invisibles para nuestra tercera dimensión (“Las dimensiones de las manzanas”) pero igualmente visibles para cada una de ellas ( las peras para las peras, las naranjas para las naranjas).

Cuando comprendamos esto, podremos entender que por más que conozcamos nuestra tercera dimensión, si no concebimos que existen otras dimensiones, estaremos ignorando enormes “Campos de Conocimientos” como los conocimientos limitados de los sabios del medioevo.

A esas dimensiones va nuestra alma cuando se libera del cuerpo físico a la hora de la muerte (hay muchas otras consideraciones, como las de los seres que se quedan atrapados cerca de su tumba u otras consideraciones, a lo cual no nos referiremos ahora).

Cuando Sócrates dijo Gnothis Saftón, conócete a ti mismo, también se refería a esto, a descubrir que existen otras dimensiones ya que es parte integral de nuestro desarrollo espiritual. El que no conoce esto, esta tan limitado, como los sabios del medioevo, para hablar de “Otros Continentes”.

El conocer que existen otras dimensiones nos ayudaría a comprender que nuestras acciones, actitudes y valores, tienen repercusión en esta nuestra tercera dimensión y también, por las mismas leyes de Causa y Efecto, tienen repercusión en otras dimensiones (más allá de lo que llamamos, el final de la vida).

Esto seguramente derivaría en una sociedad menos violenta y más amorosa. Si una persona supiera que en “x” años, se iría a vivir al Tíbet, seguramente se prepararía y actuaría de la forma adecuada para que no sufriera al encontrarse en ese cambio radical.

Hay que prepararnos ahora para “Gozar” ese cambio radical, ese paso a otras dimensiones y la forma más sencilla, más segura y más práctica, es actuando siempre bajo los dictados de la “Regla de Oro – No le hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti”.

En el siguiente artículo, hablaremos de cómo crear en nuestro entorno un universo más amable. No te lo pierdas

Afectuosamente
Johnny Bardavid

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